Pero, ¿por qué vivimos siempre apurados? ¿a qué impulsos responde esa necesidad de hacer las cosas rápidamente, sin detenernos a pensar calmadamente las consecuencias que se puedan generar del apuro?
Lo cierto del caso es que mientras más apurados vivimos nuestra vidas, menor es el tiempo que disfrutamos con las personas que queremos y que apreciamos. . . y . . . ¿a qué viene todo esto?
Yo le echo la culpa a la impaciencia; ella es la culpable del apuro que muchas personas tienen cuando quieren lograr algo, lo que sea: un aumento de sueldo, un carro nuevo, un mejor celular, una invitación a algún lugar. . . en fin.
Es recomendable tomarse las cosas con calma, pues con calma y serenidad todo se logra. Hay que tener pacienciaS (sí, en plural, porque con una sola no basta), que las cosas llegan en el momento en que deben llegar.
.DM.
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